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16/2/2017
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MUJER HECHA DE BARRO - NATIVIDAD NIÑO - ESTADO MÉRIDA
A mano, sin torno, quemó sus piezas sobre una pira de palos.
Natividad Niño nació en Mesa del Tanque, vía Aguas Calientes, en el estado Mérida (Venezuela). Se crió entre barriales, zanjones y cañaverales. Sus recuerdos de infancia están asociados al trabajo, bregando en el trapiche o recogiendo leña, arcilla, café y paja.
Ella recibía en su taller, amasando barro, mientras dice que el oficio de la loza es hereditario, que lo aprendió de su madre, quien a su vez lo aprendió de su madre y así sucesivamente hasta llegar a sus ancestros indígenas que eran guaimas o guáimaros. En efecto, Natividad trabajaba la loza con técnicas milenarias, tal como lo pudieron haber hecho los aborígenes que habitaron estos semidesérticos parajes hace 3.500 años.
 
 
A mano, sin torno, quemó sus piezas sobre una pira de palos, al aire libre y sin horno. “Yo trabajo como me enseñaron mis ancestros”, decía esta afable mujer que parió 10 hijos y que tiene 20 nietos.

Las manos de Natividad se confundían con la arcilla. Ella parece haber sido hecha de barro, pues el olor de su piel se parece mucho al color de la arcilla húmeda que va modelando con la misma naturalidad con la que contaba su vida. Su oficio está estrechamente ligado a la tierra, al fuego y al pasado. Natividad fue patrimonio viviente de la nación: en ella confluyen la memoria del pasado y la resistencia del presente. Su sola existencia nos habla de la persistencia de un legado que no debería desaparecer. Esa herencia ancestral nos conecta con lo que fuimos, con lo que somos y con lo que seremos como pueblo.

Natividad quemaba sus piezas todas las semanas. Prefería los viernes en la noche. La zona en donde vivia es rica en minas de arcilla. El paisaje y el tiempo la han modelado y, a su vez, ella iba modelando, con sus manos, ese mismo paisaje y ese mismo tiempo. Mas joven buscaba la arcilla ella misma, después lo hacían sus hijos o sus nietos. Trabajaba con una arcilla que le traian de una loma que le queda cerca. “Cuando la arcilla se amelcocha es que está buena porque no se va a quebrar”.

Natividad no dejaba nunca de trabajar. Era una mujer con un espíritu independiente. No admite que nadie la mantenga. Cuando se casó, lo primero que le dijo a su esposo fue que no le quitara la oportunidad de seguir trabajando.

En el taller de la maestra locera de la Mesa del Tanque, ubicado en el solar de su casa, encontramos piezas para cocinar y servir comida. Los alimentos cocinados y servidos con utillaje de barro tienen un sabor que los conecta con la tierra. No hay duda de que saben más sabrosos si se cocinan en barro. Lo dicen tanto las abuelas como los sibaristas.

En el taller de Natividad también pudimos encontrar figuras religiosas –Cristo, santos o nacimientos-, animales figurados –monos, pájaros, tigres o ballenas- y sus famosos Florentino y el Diablo. Como un secreto a voz baja, Natividad confiesa que guarda, en un rincón de su casa, algunas figuras eróticas que modeló sin que nadie la viera. “Yo nunca copio; todo lo saco de mi propia mente”, asegura Natividad, entre pícara y risueña.
Mérida y Venezuela, dicen hasta siempre a Natividad Rojas de Niño, patrimonio cultural de Venezuela. La madrugada del 12 de diciembre de 2013, falleció de un infarto la ceramista, quien dedicó más de 50 años al quehacer artesanal venezolano.
 
 
DESDE RINCONARTESANAL.COM, TE DESEAMOS UN BUEN VIAJE POR ESE MÁGICO CAMINO, Y TE PEDIMOS DESDE ALLÁ BENDIGAS NUESTROS CAMINOS COMO PROMOTORES DEL ARTE Y LA ARTESANÍA EN VENEZUELA.

HASTA SIEMPRE NATIVIDAD!..
NATIVIDAD NIÑO
 
 
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